miércoles, 18 de enero de 2012

Indigencia

Indigencia
Desde la altura de un aluvión artístico
Desde aquella altura tuvo la sensación de estar quebrado
Una sombra en su cabeza, una especie de casa muda
Un botón en la mesa, un abrigo de invierno, olvidado e inexistente…
Un calabozo ruidoso se incendió
y una constelación de estrellas que trajo el viento
Terminó silbando una canción incendiaria y sublime
La catástrofe y el caos se apoderaron del espacio
Un hogar, la selva
Un hogar de amor, el corazón vino a callar el pensamiento
Pues cada vez se volvía más obsceno y ni los viajes ni los recuerdos pudieron reprimir
Los crímenes cometidos, ni los libros ni las oraciones ni el calabozo oscuro.
Si la chispa que incendió la prisión tuviera un nombre
Ustedes ya estarían escuchándolo.
Pudo ser un susurro
O una gota de agua que en algún sueño
Desbordó un río y todo se cubrió hasta una gran altura, que desafiaba toda ley de fuerza universal.
Todo se lleno de imaginación
Pero en medio de tanto ruido, en medio del aluvión
Los corazones solitarios se vieron en un espacio vacío
Desconectado del poder, de la opresión y del dominio
No fueron nunca más reyes siendo náufragos
Y sus conquistas en terrenos desiertos no tuvieron gloria
Ni las batallas victorias
Ni las derrotas tristeza, ni mujeres, ni hombres, ni infancia que llorar.

Olvido Polaroid

A medida de que lo que aconteció se va olvidando,
en esa medida todo se va haciendo mas impreciso: las palabras se vuelven huecas y las oraciones mutiladas, los suspiros se cortan en el momento mas hondo de tristeza
pero ver la misma lágrima correr por la mitad del recuerdo de aquella ventana
provoca la misma sensación del llanto.

Olvido
El arte de roer del tiempo
El arte de borrar las huellas
El arte del viento, de las vueltas del sol y la luna
                                                                    sol y luna
y
             luna




Cada vez que el tiempo talla los colores
La pintura se va en el aire y queda la imagen cosmogónica del recuerdo
Hay una fotografía que nos remite a todo.

Remolino de un cigarro entre dos ventanas
Historia minima de la consumación 

Enseñanzas de Wildlife

Enseñanzas de Wildlife
No me vuelvo a enamorar de ti, melena hogareña, de tu mote de intelectual trasquilada
no me vuelvo a zambullir en seco en tu seco sexo verde y desornamentado.
no me vuelvo a enamorar de tu madurez de adulto resignado.
Odio pensar en cosas nimias cuando besas mi cuello con tu viscoso y sanguinolento labio.
Te odio por sobre toda línea remarcada, odio tu orden inocuo, tu mente maquilada
odio tu estupidez rapante y tu imaginación perfectamente educada.
Odio la angustia de panóptico que ejerce sobre mí tu prejuicioso modo de querer
odio que tengas un modo de querer, tan soez y tan prefabricado
odio tus palabras técnicas y tu corazón de cocodrilo.
Quiero vida salvaje, mono apresurado, quiero las patas de un gato asilvestrado
quiero trasponer mis dolores entre los ladrillos
en las fatuas sonrisas de los gordos entristecidos
quiero las patas de un gato asilvestrado
quiero dejar de joder los tapetes y los sillones
como si fuera un perro que come el tuétano que le arrojan los locutores.
no me vuelvo a fascinar con tu magia de salón de fiestas
donde el plástico de las cuarentonas compite con el léxico jocoso y hueco de las hienas quinceañeras.
Ojalá viniera una ola de esquizoides a cortar flores en las laderas de estos montes
donde se erigieron los mitos novedosos que ahora yacen obsoletos.
quiero tener las patas asilvestradas de un gato trotaperros.